Despertar con hambre

Esa semana decidí que el siguiente encuentro sería para mí, contigo, pero para mí. Fuimos a nadar, al volver, aun había gente en casa. “Tinc ganes” dijiste y nos entretuvimos empezando a preparar una comida que no acabaríamos de cocinar hasta unas cuantas horas más tarde.

La casa estaba vacía, tú sabías que llevaba un corpiño para la ocasión y yo que te iba a atar a una columna para que vieras cómo me masturbaba sin poder moverte. Y empezó. Búsqueda ansiosa que se detenía allá dónde tenía que hacerlo. Jadeos que silenciaban mis gemidos. Esa piel que no se acaba, esa cuya tersura se mete entre los pliegos de los dedos para dilatarme mientras tu cuerpo erecto se deja inmovilizar para follar el mío en la distancia. Me follas sin contacto, sin que te permita tocarme, inmóvil, gimiendo, para ver cómo mi placer se esparce por la cama y busca tu cuerpo con la lengua. Me gusta masturbarme a cuatro patas, tan cerca de ti que podrías casi penetrarme, pero solo es “casi” y gimes y jadeas deseos y pensamientos que no te atreverías a pronunciar en la calle. Me acerco para introducirte un pezón en la boca y dejar que me lamas mientras te sueltas y mis humedades toman tu cuerpo. Te acercas para cubrirnos de placer al tiempo que los vapores de ese cuerpo que es de ambos nos penetran, confundo gemidos. A veces, alcanzas a decir algún taco “¡joder!” como aullando goce y yo te mantengo la mirada mientras mi lengua lame rápida y ansiosamente tu homoplato; tus dedos buscando mi boca, contraigo las paredes de la vagina para no dejarte escapar. Deseo convertido en caricias, pequeños azotes, suaves mordiscos, manoseos, miradas que jadean y explican que hoy el mundo se acaba ahí donde se acaban nuestros cuerpos. Tu lengua en mis nalgas, sales de dentro para frotar tu glande con mis pezones. Mi clítoris se tensa de placer con tus caricias y mi boca busca tu polla para no perder esa intensidad que nos envuelve y nos empuja que querer más, y calcular sin querer cómo hacer para que esto no pueda tener final alguno. Mis caderas en tus manos, mordisqueo tus muñecas, gimo, te busco, estoy al borde del llanto, no entiendo cómo podemos ser cuerpos serapados el resto del tiempo. Tu cuerpo moldea el mío a merced de su placer para segundos después cabalgarte sin más medida que mi deseo. El mundo está concentrado en esa cama y el placer se reparte entre nuestros cuerpos que entrelazan vapores, humedades, gemidos y orgasmos líquidos, tan líquidos que invaden la cama, para que solo así, ya en el suelo, tu semen se esparza por la habitación y me busques para volver sumergirme en un viaje de placeres corporales que parece no acabar.

Ya tumbados en la cama volvemos a ser pieles que se acarician, dedos que se recorren acompañando una intensidad que va bajando hasta dejarnos en una estado de duermevela del que solo podemos despertar con hambre, mucha hambre.

La Foguera

Dissabte dia 18 vaig participar en La Foguera, una sèrie de xerrades per pensar l’actualitat cultural i l’àmbit digital organitzada per Escola Valenciana i Tresdeu. Em va tocar xerrar a la taula de Dones i Tecnologia, amb la Belén Ivars i la Rocío Vidal (la Gata de Schrödinger). Com que vaig compartir un munt de referències de gent a la qual crec que s’ha de mirar per pensar i actuar en aquest àmbit de “dones i tecnologia”, pues les comparteixo per ací, per si a algú/na li serveix, tot i que hi ha moltes més.

ens hem acostumat a navegar per un internet estret, de xarxes socials i camins marcats per les grans corporacions (GAFAM), però hi ha molt més camp que recórrer i que terrar que sembrar.

(Un dia escriuré sobre el viatge de redescobrir València a partir de la politització en Barcelona)

Feminismes online:

Per sort, i com passa sovint en les lluites centrals, son moltes les compis de Amèrica Llatina a qui mirar i amb les que enxarxar-se i “acuerpar-se” quan es pot.

No es específicament de gènere, però la seguretat és un tema clau a la xarxa, així que feu una ullada a security in a box. o a surveillance, self-defense o les Digital Security Guides

També es pot fer un cop d’ull a la carta de derechos digitales (inclús traduir-la:-) i sempre s’ha de mirar què està fent Front Line Defenders o estar atentes a què està treballant la comunitat del metadecidim.

Hi ha moltíssimes més referències, que em deixo, que no conec, que s’estan coent…

Software lliure per una societat lliure i igualitària.

Mercedes

“El miércoles, al salir de la entrevista de Betevé, la regidora de plató, que me ha puesto y quitado el micro decenas de veces y me ha indicado dónde ponerme cada día que he ido desde hace seis años, me preguntó si era sobrina de Mercedes Pin.
Justo salía de la entrevista y su pregunta coincidió con el microfonaje del siguiente entrevistado, Tito de Élite de Taxi que me preguntaba cómo estaba… mientras la de producción del programa celebraba la coincidencia de que la regidora conociera a mi tía ( y, obviamente, no sabía que había fallecido). Se dio un momento caóticamente emotivo en el que a las dos se nos humedecieron los ojos, mientras se cruzaban cables, convocatorias de huelga en el sector del taxi “esperamos que nos deis apoyo [desde el gobierno de la ciudad]”, y papeles justificantes para poder saltarse el toque de queda… Así que quedamos en que hablaríamos la próxima vez que vaya.

Mi tía murió la madrugada del 30 de diciembre de 1992, creo, ni siquiera recuerdo el año. Sí recuerdo esa noche, todos los hermanos Pin (10) y sus parejas se juntaban en mi casa todos los 30 de diciembre. Ese año mi tía Merche no vino porque se iba de viaje. Y no volvió”

Esto lo escribí en marzo. Hoy, en julio, cuatro meses después, he ido a recogerla a la salida del trabajo y hemos estado dos horas y media hablando.

Cuando estaba en la universidad, de vez en cuando, alguien me preguntaba si era sobrina de “Pin”, a lo que yo, en broma, siempre respondía “depende de qué Pin”, solían ser mis tíos Fernando o Eduardo, alguna vez fue mi padre. No sé si es porque es una edad en la que te estás formando y construyendo una identidad que necesitas reafirmar, pero a mí esa pregunta, generalmente, me incomodaba (y me daba cierta pereza). No quería que me juzgaran por lo que fuera mi familia, o ese familiar en concreto, sino por lo que yo era. Supongo que, en el fondo, también intuía que yo no sabía nada de mucha gente de mi familia; en realidad, me exasperaba no conocer cuáles eran los elementos con los que la otra persona compondría su juicio. Sí, ahora veo que era eso lo que me molestaba. A veces, he llegado a pensar que me puse a hacer política (activismo) nada más salir de Valencia porque en Valencia mi familia estaba presente de una manera u otra para condicionarlo. De lo que sí que estoy segura es de que no hubiera tenido la misma trayectoria política quedándome en Valencia (¡ojo! con “política” me refiero también a la política de calle, no solo a la institucional). Al llegar al Ayuntamiento, varia gente que nunca supe ubicar publicó alguna noticia y bastantes tuits (sin que pasara al circuito de la prensa tradicional) sobre la “saga” Pin, seleccionando los perfiles familiares más “llaminers” para contraponer a ese relato que hacíamos como espacio político de que éramos la gente común, sin padrinos o pedrigrís. Me resultaron graciosos ese tipo de “ataques”, qué más daría eso, tampoco iba a negarlo, por qué tendría que hacerlo. Las historias familiares siempre son más complejas. [Hace poco descubrí que mi abuela, esa mujer que para mí había sido principalmente madre y ama de casa y nada más en ese momento de mi vida en el que eso parecía haber sido poca cosa, no solo fue todo eso – que ahora me parece mucha cosa- sino que también había estudiado matemáticas, siendo la única mujer de la facultad].

La familia te condiciona, y la familia extensa está presente cuando tienes un personaje público, tienes que saber incorporarla en ese personaje, por pequeño que éste sea. Eso te lleva a darte cuenta de lo poco que sabes de gran parte de tu familia, lo digo sin dramas, como una simple constatación más.

A diferencia de ese tenue sentimiento de pesadez que sobrevolaba toda conversación de la época universitaria cuando me preguntaban si era “sobrina o familia de Pin”, el encuentro de este lunes me generaba mucha curiosidad. Supongo que debe de ser también por la edad, y por mi tía, claro. Llegué nerviosa, con cierta sensación de no haber hecho los deberes. En los cuatro meses que habían pasado desde que me comentó que Mercedes había sido su mejor amiga, yo no había tenido más que media conversación con mi padre y mi tía Nuria para intentar averiguar si conocían a esta amiga de Mercedes. No me había siquiera sentado a hacer un pequeño ejercicio de introspección para intentar rescatar mis recuerdos propios y los recuerdos inventados (inventados en tanto que memoria colectiva, recuerdos prestados de otras) sobre mi tía.

Nada más llegar me dijo que había pasado todo el día nerviosa, que había hablado con las amigas de la época y todas le habían pedido que me abrazara aunque no me conocieran. Me explicó cómo se conocieron y no se volvieron a separar desde entonces hasta que murió. Cómo Mercedes había dado un vuelco en su vida hasta el punto de que determinó su carrera. Me dibujó una tía que estaba parcialmente en mi memoria (la subjetiva, la inventada) con magnetismo, alguien que vivía la vida con intensidad, con interés genuino por lo que la rodeaba y quien la rodeaba. “Interés genuino” es como definió Santi hace pocos días mi forma de escuchar: de repente el clima de la conversación era de esos que se dan en las conversaciones sobre la memoria, un clima que hace que te quieras parecer a la persona recordada. Te proyectas en la persona recordada, como si los recuerdos se volvieran anhelo. He querido conocer a esa tía a quien recuerdo invitándonos al cine el 23 de diciembre a todas las primas (solo las primas) y que siempre se presentaba como una puerta a mundos desconocidos, una puerta hacia la vida, la vida vivida intensamente, aquella en la que transitas las ciudades en las que pasan cosas. El escenario puede ser el mismo que pisas tú a media tarde, pero intuyes que con ella el trayecto siempre acaba en un lugar inesperado. Pero he querido conocerla ya no como niña de 12 años, sino como adulta de 30 ó 40.

Creo que más que recuerdos vívidos (el de la boda, el de dos 23 de diciembre, el del cine con una peli -o concierto, ves a saber- de Miguel Bosé y la peli de Dentro del Laberinto, el de las figuritas que nos compró, el de media conversación, el de alguna comida familiar con cierta aura; el de su entierro y las palabras de su marido en las escaleras), más que recuerdos vívidos, recuerdo intuiciones respecto a mi tía. Seguramente, esta tarde he dejado que Mb. modificara parte de esas intuiciones recordadas, me he dejado mecer y llevar por su relato, por esa imagen que me dibujaba de mi tía, he dejado que su relato modificara parte de mis recuerdos o, al menos, los reinterpretara. Creo que recordaba más por ella que por mí, aunque ha sido un regalo que me prestara su memoria. Magnetismo, carisma, intensidad, pasión por la vida, un ser querido (querido porque es capaz de querer, aparte de hacerse querer), gran lectora, mujer de diferentes registros, pulsión artística… Yo recordaba que teníamos una pequeñísima relación especial (o que me miraba como si fuera especial), esta tarde he entendido que seguramente era así, y lo era porque lo más probable es que hiciera sentir a todo el mundo de esa manera, porque supiera ver y resalzar lo que cada una tenemos de especial.

Pinceladas de una conversación sobre el recuerdo.

Las cosas del querer

Carta a Emília Llorca

Hui l’Emília té, per fi, un carrer al barri. Podeu recuperar l’acte que s’ha fet per celebrar-ho aquí, llegir aquesta crònica bonica i aquesta crònica casi genealògica. Jo li he escrit una carta que us deixo:

Emilia,

Emilia, què?

Que avui li posen el teu nom a un carrer. La veritat és que a mi m’hagués fet més il·lusió que el teu carrer fos Joan de Borbó, para qué te voy a engañar; pero ya luego te cuento por qué al final es Almirall Aixada.

Antes de empezar a escribirte esta carta, he intentado recordar todas las veces que te he echado de menos en los últimos 12 años. La primera carta que te escribí fue en mayo de 2011, cuando el 15M, cómo lo hubieras disfrutado y cuánta falta me hubiera hecho interpretarlo juntas, colectivamente.

También he recordado la primera vez que fui al local de la comissió de festes del carrer Pescadors, ese local que aun no logro entender por qué no presentamos a los records Guiness: sede de l’avv l’òstia, sede de la comissió de festes, lugar que almacenaba parte del material de esas dos entidades, casa del David, caseta de lotería, todo en 30m2. Ahí, en ese local al que yo me había acercado para recoger no recuerdo qué, tú estabas organizando una colecta para pagarle el entierro a la madre de una vecina que acababa de morir. Porque para ti siempre había que ayudar al vecino, en lo que fuera, sin pensarlo, sin esperar nada a cambio. Ayudar sin juzgar, un vecino es un vecino. Gracias por ese aprendizaje.

Hablar de ti es también hablar de la Juanita, de la Rosita la del ojo, de la Rosita la pequeña, de la Mari Luz y el va-la-bola, del Gaspar meneando el culete, del Patricio y sus inventos, de la Marga y su callar inteligente, de ese micro-mundo que tú creabas en la calle Pescadors al que era tan difícil entrar como que sobrara alguien, aunque acabara de llegar. Son también el Óscar y el David, en el taller, haciendo la decoración para la entrada de la calle. Qué disgusto te llevaste cuando, en pleno momento de movilizaciones contra el Plan de los Ascensores, entidades que tenían a gente vinculada al PSC, dejaron de hacerle encargos al David. Qué guerra más sucia. Estos días he vuelto a ver ese video y he recordado que fue la primera vez que te vi llorar. Pero como dicen Pepa y Lourdes, no tenías límites y lo que sí que tenías era una familia que siempre te iba a apoyar. Porque ellos sabían lo que yo tardé unos pocos meses en aprender: tú eras una lideresa comunitaria. Antonio dice que tú eras una mujer común, corriente; pero yo creo que no es incompatible. Es decir, la gente te seguía porque tú encarnabas el sentir del barrio. Sabías escuchar los problemas de los vecinos, sentías con ellos, es como si tu corazón latiera al compás de los problemas del barrio, y a eso se le sumaba una contundencia al hablar que tenía la fuerza de quien habla desde el amor, a su barrio, a sus vecinos. El barri s’ha de defensar, el barri és els seus veïns.

Per mi, tu eres la tendresa de la justícia, la capacitat d’escolta que et donava força per no renunciar a allò que pensaves que era just. Per cert, Carles Martí, la realitat va ser que, després de dir-li a l’Emília que el pla dels ascensors era una entelèquia, es va aturar gràcies a la lluita veïnal i la complicitat de l’Itziar.

Recuerdo la primera reunión con un político, con un regidor que tuvimos, a Carles Martí, yo veía a un inteligente hooligan engorilado y no sé qué veías tú; pero frente a esa figura extraña que hablaba en político, también veía a una mujer que no se dejaba amedrentar, que tenía los pies en el suelo y muy claro qué quería y qué no podía permitir.

Seguramente fue contigo que aprendimos que la política tiene que ser un acto de amor, porque política (y mira que lo discutimos veces esto) no es lo que hacen los partidos o no solo, es también lo que hacemos las vecinos para garantizar derechos. Y tú nos enseñaste que tenía que ver con el amor eso, a un barrio, nos regalaste la capacidad de aprender y querer el barrio. Tal vez por eso nos acogiste nada más llegar al barrio, cuando empezamos a okupar en Miles, la antigua caserna de la guardia civil. Acogida y el recelo justo para hacernos saber que el barrio tiene su forma de funcionar y es importante aprenderla. Nunca te dije que éramos la envidia del movimiento okupa, todo el mundo quería tener unas vecinas como vosotras, como tú.

Nunca te he dicho que fuiste mi primera amiga mayor, más de 30 años mayor que yo y ahí aprendí que la edad no importa si compartes luchas, alegrías, preocupaciones, y el amor por un barrio. A mí me tocaba hablar de la emilia luchadora, y te he imaginado ahora, en el momento de la pandemia, cómo con tropocientas mascarillas te hubieras puesto a organizar vecinos y me hubieras hecho bajar al barrio a repartir alimentos o vete tú a saber qué. Me tocaba hablar de la emilia luchadora pero, fíjate, lo que tenéis los referentes, que a menudo, más que recordaros os evocamos para pensar qué hay que hacer ahora. Yo, más que recordarte, no he dejado de pensarte desde hace doce años para saber qué hay que hacer ahora. En 2015, cuando se decidió la lista electoral al ayuntamiento, antes de decir que sí a la posibilidad de ser regidora del barrio, me reuní con las compas de la Òstia para pedirles permiso, no porque ellas tuvieran nada que ver con Barcelona en comú, sino porque yo sentía que el espacio que tenía que avalarme para ir en una lista electoral, la que fuera, era la asociación de vecinas. Yo quería saber cómo lo veía la Lourdes, la Pepa, la Pino, la emma, el paco, el Cano… y creo que, en el fondo, tenía la esperanza de encontrar tu voz escondida en medio de esa conversación colectiva.

No sé, tal vez debería estar hablando de ti, megádfono en mano, en el coche, con Antonio, convocando a una mani, una asamblea en el iglesia, una reunión… O de cuando me dejabas los escritos del diario del barrio a última hora del día en el buzón para que los pasara a ordenador, de cuando me llamabas a las 6 y media de la mañana para saber si dormía porque habías tenido una idea de algo que se le tenía que plantear al Ayuntamiento, o de cómo enamorabas a los activistas de otros barrios en cuanto te oían hablar, porque se notaba en seguida que lo decías lo decías de verdad. Gracias por enseñarnos que no hay que defallecer, y que es tan importante saber organizar una mani como saber cuántas llescas de pa hacen falta en una sardinada, si una quiere cuidar a su barrio. Para ti, el barrio era una prolongación de tu casa, de tu familia, por eso lo cuidabas empoderándolo, escuchándolo, defendiéndolo.

Creo que en 2010 te hicimos el homenaje para recordarte, pero también para compartir nuestra tristeza y nuestra alegría de haberte conocido. M’agradaria pensar que en 2021 et posem un carrer per compartir eixa alegria d’haver-te conegut, per reconeixe’t com a exemple per la resta de la ciutat i per agraïr-te la teva lluita pel barri, clar; però, sobretot, per recordar que el barri és els seus veïns i imaginar com s’han de defensar ara, al 2021 i demà, quan el mon hagi canviat però l’amor al barri continui sent el motiu pel què lluitar.

Mi nuestra foto favorita juntas

El vendedor de rosas

“I’m living here since 2007, I got the residency [sic.] in 2012”. Nos lo explica sentados alrededor de una mesa, en la sede de una asociación del barrio. Hace tiempo que lo conozco, pero no sabía que llevaba aquí 14 años. Una noche intentó venderme una rosa, al decirle que no, me miró con sorpresa y exclamó “you are the Mayor from Ciutat Vella”. Había leído una entrevista que me habían hecho en un medio de la comunidad pakistaní (de esos que ponen una foto tuya muy grande en la portada y, a partir de ahí, es imposible que quien lo haya leído no te reconozca por la calle). “El año que viene aplicaré para obtener la nacionalidad”[1] “no, no tengo contrato de trabajo. No, tampoco tengo un contrato de alquiler, subalquilo una habitación”. Ya me lo había dicho y no he dejado de tener la duda de si subalquila una habitación o una cama en una habitación, tampoco me he atrevido nunca a preguntárselo. Es la primera vez que hablamos de su situación porque hemos quedado para hablar de ella: normalmente me lo encuentro por la calle mientras trabaja vendiendo rosas y hablamos. Generalmente, hablamos de política, él estaba muy a favor de la independencia de Catalunya, después del 1 de octubre estaba ávido de alguien que le explicara algunos entresijos que no lograba entender. Se informa y sabe más que yo de algunas cuestiones políticas. Hace poco, con el gesto de quien no quiere pedir ayuda, pero se resigna porque no tiene otra, me dijo “I need your help, I’m very poor”. Me envió el link de una noticia en la que la Gene anunciaba un paquete de ayudas para trabajadores “I’m a worker” para ver si podía optar a ellas. No podía, era para trabajadores con contrato, autónomos; la gente que no tiene contrato, la que trabaja en los circuitos de la economía informal a la que le aboca el racismo estructural no es “trabajador”, son “pobres”, “migrantes”, pero no “trabajadores”. Él solo es vendedor de rosas, no es un “trabajador”. Busqué durante horas en las webs de las diferentes administraciones si encontraba ayudas para gente con su perfil, ayudas para “el vendedor de rosas”. Imposible. Hombre soltero de más de 40 con permiso de residencia sin contrato laboral conocido. Finalmente tramitamos juntos cada uno desde su casa la solicitud de la Renda Básica Garantida. Pero eso no es suficiente, tampoco es seguro. Le dije que fuera a una asamblea de un grupo de vecinas que se organizan para parar desahucios, evitar la expulsión de otras vecinas del barrio; un grupo de ayuda mutua. Fue. Yo no puedo ir, soy ex-concejal y tensaría el espacio, pero sí puedo echarle un cable a él.

Esta mañana Convergencia ha hecho una rueda de prensa para acusarme de puertas giratorias. Me hervía la sangre. Me siento impotente y vulnerable. Me parece injusto. Me siento pobre. Cobro el paro, cobro colaboraciones con algún medio y algunas charlas. He estado a punto de cancelar la cita que tenía con el vendedor de rosas y dos vecinas de la asamblea para revisar su situación y buscar más ayudas, porque había que preparar una respuesta, porque “es muy bestia que CiU salga a denunciarme por eso”. “You are my best friend” me dijo el día que le ayudé a tramitar la RBG. Soledad. “I can’t get any help for the rent because I don’t have a contract”. Realidad. Dice que, si llega a cobrar los 600€ de la RBG, es mucho más de lo que necesita, dice que él quiere trabajar. Convergencia me acusa de puertas giratorias por un curro de 1.500€ durante seis meses y a mí se me cae el mundo encima, me bloqueo emocionalmente. Es la primera vez que quedamos para hablar de su situación, ha estado en Sudáfrica, Italia, Suiza, lleva aquí desde 2007. Pero es vendedor de rosas, no es un trabajador. Mientras nos explica que su último contrato laboral lo consiguió en 2013 a través de una familia inglesa amiga suya que lo contrató de recadero, pienso en lo absurdo que es que a mí me denuncien por haber trabajado y que a él no le reconozcan ser trabajador. Creo que no he cancelado la cita porque no habría sabido explicarle por qué preparar un argumentario de respuesta era más importante que explorar todas las vías de posibles ayudas.

He estado a punto de cancelar la cita, porque la acusación de puertas giratorias me parece infundada, injusta, me parece tantas cosas que no sé ponerles palabras y me bloqueo. Pero no lo he hecho. Las vecinas le han explicado qué es la ayuda mutua. Yo me he esforzado en aclararle que, aunque yo hubiera estado en el ayuntamiento, esa asamblea de vecinas es independiente “más de tradición libertaria, anarquista, para entendernos”. Dice que él hace tiempo que quiere ayudar, pero que no sabe cómo sin tener la nacionalidad. Realidad.

No he cancelado la cita y ahora pienso que tal vez no lo haya hecho por un impulso entre egoísta y necesitado de tocar realidad, de situar mi cabreo y desazón donde le corresponde. De no olvidar qué cosas importan de verdad.

Claro, claro que importa no banalizar la corrupción, claro que importa no hacer un uso torticero de los instrumentos que existen para combatirla. Claro que importa que quienes creen que las instituciones son suyas no mientan, tergiversen la realidad y generen noticias falsas sobre corrupción. Claro que importa. Importa porque de esas instituciones (y de esas vecinas autoorganizadas) depende que el vendedor de rosas deje de ser “un emigrante marrón pobre” para poder ser un trabajador. Ser persona.

[1] Hablamos siempre en inglés, pero prefiero traducir al castellano algunas de sus frases.

Juegos de manos

Nos conocíamos desde hacía 25 años, alguno más, alguno menos, ya no vivíamos en la misma ciudad, pero nos llamábamos y visitábamos a menudo. Raras veces hablábamos de sexo: yo tenía mi vida de pendón, tú habías elegido un marido, tus hijos (un plural con “s” sin lugar a dudas) y una vida sexualmente convencional, según tu propia definición. La vida sexual ajena no se juzga, así que a mí me parecía bien. Intentabas, más por curiosidad que por interés real, seguir mis vaivenes sexo-afectivos, de los cuales yo solo te explicaba aquellos que podían llegar a ser algo más que meros “amantes” pasajeros o los que pensaba que encajaban con tus esquemas. No conocía casi ningún detalle de tu vida sexual, parecías satisfecha cuando la mencionabas (siempre de pasada); supongo que eso me bastaba y tampoco quería invadirte una intimidad que tú compartías revestida de pudor y contención.

Unas vacaciones, sin que me lo esperara, como una petición de ayuda, me explicaste con cierto rubor que querías introducir un poco de variedad en tu vida sexual matrimonial y, con un descaro poco habitual, me tiraste del escote para sacarme a bailar.

Te compartiré mis juegos, te aviso de que son unisex, por si decidieras “introducir variedad” más fuera que dentro de tu vida sexual matrimonial, también son complejos. Adáptalos a tu gusto y, sobre todo, a tu placer. Usaré género heteronormativo al describir las intrucciones como una forma de reconocimiento y respeto hacia tu relación matrimonial, para que no te quede ninguna duda sobre el hecho de que no te juzgo, que te quiero feliz y satisfecha en la forma de relación que tú elijas.

Repositorio de juegos al azar para amiga casada que quiere “introducir variedad” en su vida sexual matrimonial:

The Game, un juego audiovisual

La trama:
El juego persigue irrumpir en la cotidianeidad de una pareja introduciendo el sexo como algo clandestino y necesario al mismo tiempo. El objetivo es montar una peli porno 4.0.

que no estánEl escenario es un mundo global con vidas deslocalizadas, en el que los dos amantes se encuentran en diferentes ubicaciones de un planeta al borde de la extinción. Los jugadores no tienen descendencia, pero deben esconderse de unos seres diminutos que pueblan el astro en el 2087.
La energía que se genera con la excitación es necesaria para salvar el planeta, misión que no se podrá ver culminada sin la energía que se genera con un orgasmo.

Las reglas:
El juego requiere de dos jugadores, estos no comentarán el juego en su día a día.
Ambos jugadores establecen la duración del juego, se recomienda una duración de ocho días. El tiempo se dividirá en diferentes épocas: “deshielo” e “inundación”.
El juego se desarrollará de la siguiente manera: los dos jugadores se enviarán vídeos consecutivamente evocando situaciones eróticas, sugerentes o reproduciendo un acto sexual explícito; todo ello es, en ese momento, imposible físicamente que se pueda realizar conjuntamente. Los videos pueden reflejar deseos realizables. Los jugadores no se juzgarán mutuamente. Los vídeos tendrán que estar conectados entre ellos. Es decir, bien mediante la voz, bien con ayuda de juguetes u otros utensilios, los videos tienen que estar conectados entre sí y el resultado final tiene que mostrar una trama coherente.

Se ilustra con un ejemplo de nivel avanzado: si en el primer vídeo ella jugara con su arnés (que supongo que no tenéis, recomiendo adquirir uno) para masturbarse, pero al mismo tiempo emulara que se lo folla a él, él debería seguir con esa escena en su video.
Está permitido que la imagen y la voz no se correspondan, sin embargo, sí que es necesario que una de las dos supongan una continuidad con la trama.

Una vez se establezca la fecha de inicio, la jugadora femenina comienza el periodo de “deshielo”, si durante el día indicado no encontrara la inspiración perdería tres puntos y pasaría el turno al jugador masculino; quien contaría a su vez con 24 h para enviar su pieza audiovisual. Si éste no encontrara la inspiración, se repite la misma operación anteriormente descrita.

Después del primer video, ambos jugadores tienen que responder a los videos recibidos en el periodo máximo 48 horas.
Está permitido correrse durante el transcurso del juego, no debe olvidarse que es necesario acabar el juego con un orgasmo. Ambos jugadores contabilizarán y notificarán las veces que se corren. Cada orgasmo retransmitido supone un punto extra.

El periodo de “deshielo” durará cuatro días, durante ese periodo, en el resto de comunicaciones no se hará referencia a los videos o al juego.

En el periodo de “inundación” se podrá hacer alusión a los videos en comunicaciones cotidianas, siempre y cuando sea para trasmitir sorpresas postivas y los vídeos se libren con un margen de máximo 24 horas.

Establecerán un horario para el último día en el que los seres diminutos no se encuentren en casa y el último video será una cita de sexting con video-llamada, la cual se grabará.

Al cabo de unos días, en un lugar diferente al domicilio cotidiano (un hotel, casa de unos amigos cómplices…) quedarán para hacer un visionado conjunto de los videos… y lo que surja 😉

Puntuación:

  • Pérdida de 3 puntos por el retraso o la ausencia de vídeo en el tiempo establecido.
  • Ganancia de un punto por orgasmo consumado durante el juego.
  • Cada jugador podrá regalar a su oponente entre uno y tres puntos dependiendo de la calidad (entiéndase por calidad, lo sugerente que pueda ser el vídeo, el grado de excitación que provoque, lo que le descubra del otro…) del vídeo que el jugador contrario haya enviado. Esta puntuación está basada en el principio de no competitividad y generosidad.

El jugador/a que gane podrá elegir entre dos “premios”:
1- En el próximo encuentro sexual, elegir rol durante uno de los polvos (puede escoger el momento, el lugar y la acción).
2- También en el próximo encuentro, elegir una serie de preguntas que el otro jugador deberá responder. El número de preguntas es ilimitado, pero una de ellas será preguntarle el parecer sobre una propuesta sexual a la otra persona y ésta deberá dar su parecer y cumplirla.

Si ese juego te parece demasiado “avanzado” o complejo, aquí va uno más suave, pensado para relaciones sexuales heteros que no quieren ser falocéntricas. Tal vez sería más correcto decir que lo pensé desde la afirmación de que los besos son el elemento más sensual en el contacto con otra persona…

El juego del beso, un juego de manos

Para este juego es necesario que los dos jugadores se reserven una tarde o noche a solas (la mejor hora para el sexo, es la de la siesta, como dice la sabiduría popular). Se recomienda jugar a este juego en un momento en el que lleven unos días sin verse (en vuestro caso, elegid esos días que sí que os veis, pero solo como pareja logística que tira adelante una familia).

El juego se basa en tres principios básicos que requieren el compromiso de ambas partes:
No juzgar, no pensar y estar (estos principios, en realidad, tienen validez en cualquier acto sexual). No se juzgarán las reacciones o propuestas de la otra persona: si no se comparten, simplemente, se notificará con delicadeza; se hará un esfuerzo extra por dejarse llevar y desconectar la mente, excepto para asegurar que se cumplen los preceptos del juego; se intentará mantener el contacto visual para trasmitir presencia al otro jugador y generar la sensación de un espacio-tiempo que pertenece solo a los dos jugadores.

Primera parte:
Los dos jugadores, en diferentes posturas para poder amoldar los diferentes tamaños y estaturas de sus cuerpos, se besarán durante un tiempo establecido previamente. Las manos pueden usarse solo como en un veraniego beso de calle en el pueblo familiar: han de situarse en lugares no reconocidos popularmente como erógenos.

El tiempo de la duración de esta primera parte ha de ser prolongado, su duración exacta se acordará entre ambos jugadores previamente vía telegram.

El jugador masculino hace la propuesta de tiempo.

No hay prescripción respecto a cómo deben de ser los besos. Puede tratarse de pequeños lamidos con las lenguas, de lenguas que recorren labios, de la fricción de las mismas en la boca del otro, de lenguas que penetran la boca de la otra persona como si de ello dependiera su vida, de besos repartidos por diferentes zonas (siempre que éstas no sean del cuello para abajo); besos acompañados con lengua cortos y húmedos, de pequeños besos en la comisura de los labios, lamidos que cruzan la cara del otro, labios húmedos que suspiran en la boca del otro mientras las lenguas se buscan… en este caso, los dos jugadores decidirán sobre la marcha. Puntualmente, si está sensualmente justificado, los dedos propios o ajenos pueden ser un elemento más a introducir en la boca o lamer.

Segunda parte:
En un periodo de tiempo establecido previamente con el mismo método que en la primera parte, las manos, la boca y la lengua de ambos jugadores podrán recorrer, explorar, magrear, acariciar, agarrar, arañar… las partes del cuerpo del otro jugador comprendidas de la cintura baja hacia arriba: espalda, pechos, pezones, laterales, muñecas, cuello, orejas, hombros, homoplato, esternón, antebrazo, labios, ojos, oreja, ombligo, nuca… se recomienda detenerse en los pechos, si estos son motivo de excitación para uno de los dos participantes (recuerdo cómo te quejabas, hace muchos años, en un vestuario femenino, de que tus pezones eran tan sensible que, a veces, hasta la toalla te excitaba, espero que tu marido lo tenga presente).

Durante el tiempo que duran la primera y la segunda parte, se podrá podrá comprobar el grado de humedad de la vagina de otra jugadora hasta tres veces durante máximo cinco segundos a petición de ella o por decisión propia.

Ambos jugadores se esforzarán por mantener la conexión visual con el otro para asegurarse de que transmiten presencia a la otra persona.

La penalización por el incumplimiento de las normas implica que el jugador que las ha incumplido deberá explicarle una fantasía o un deseo al otro, aunque le dé pudor, más bien, precisamente por eso. Se entiende como fantasía una imagen, escena que transmite los anhelos sexuales más perversos, obscenos o inconfesables de la persona que la formula y con ello, le produce excitación, sin necesidad de que ésta se tenga que llevar a cabo. Se entiende como deseo los anhelos sexuales que sí que se desea realizar, sean perversos, inconfesables o anodinos.

En realidad, me pediste juegos para parejas que llevan muchos años juntas, sin reparar en que yo nunca he tenido parejas muy largas y que jamás he convivido con ellas. Sin embargo, también se aprende de las experiencias ajenas (efectivamente, no aprendí a poner condones con la boca en mi primera relación, sino en desayunos con amigas en los que hablábamos de sexo), así que he adaptado a una vida matrimonial un juego que uso para conocer los gustos de mis parejas sexuales.

El juego de la “caja de los secretos”, un juego de palabras

Este juego tiene una duración de tres meses. Previo a su inicio, ambos jugadores reservarán en el calendario el fin de semana (o una noche y una mañana de un fin de semana) que acaba el juego.

Cada jugador dispondrá de un bloc de notas y una pluma, ambos jugadores compartirán una caja de cartón denominada “la caja de los secretos”. El juego es muy sencillo. Durante los tres meses que dura el juego, cada semana, ambos jugadores escribirán por separado un mínimo de uno y un máximo de cinco deseos en una hoja del bloc de notas, arrancarán la hoja, la doblarán e introducirán en la caja de los secretos. El otro jugador puede solicitar ver cuántas hojas se han arrancado del bloc del oponente, pero en ningún caso puede revelar el contenido de sus notas o mirar el contenido de la “caja de los secretos”.

Cada nota irá acompañada de una calificación del 1 al 5, siendo uno un deseo que se percibe como sencillo de realizar y se está seguro/a a de querer llevarlo a la práctica. 5 indica el grado de dificultad mayor y/o el hecho de que se trata de una idea más cercana a la fantasía que al deseo y la persona no está segura de si le excitará en la práctica de la misma manera que le excita en la imaginación.

El número correspondiente a la calificación se anotará por fuera de la nota, una vez ésta esté doblada. Si el deseo expresado requiere de juguetes, indumentaria u otros accesorios, también se indicará por fuera de la cara escrita de la nota, al lado del número. En la cara contraria a aquella en la que está escrita el deseo.

Dos días antes de que finalice el juego, los dos jugadores vaciarán el contenido de la caja y anotarán qué elementos es necesario comprar. El contenido de las notas no será revelado hasta el día que finaliza el juego. En los dos días siguientes, los jugadores quedarán para ir de compras, si fuera necesario, sin comentarse o confesarse el motivo por el cual se requiere un juguete u otro. Tampoco mantendrán relaciones sexuales esa semana hasta el día señalado.

El día en el que el juego llegue a su fin, ambos jugadores dispondrán de nuevo las notas en cinco montones, así como los juguetes en modo expositor. Se consensuará por qué montón empezar, aunque se recomienda empezar por el calificado como número “dos” o “tres” e ir bajando y subiendo la intensidad. Las notas que se recojan deseos correspondientes a otros momentos (véase, “venir a mi oficina y hacerse pasar por un cliente para quedarnos solos en mi despacho…” “parar el coche en medio del campo…”) se depositarán de nuevo en la caja, una vez acabado el fin de semana, se determinará un abanico de tiempo en el que esos deseos se realizarán.

Cada montón se introducirá en un bol o recipiente, los dos jugadores sacarán las notas de manera alterna, metiendo la mano en el recipiente correspondiente, sin poder elegir una nota u otra. No es necesario agotar todas las notas en una misma noche, pero sí que es obligatorio realizar las acciones correspondientes con al menos una nota de cada montón. Si, al leer una de las notas, el jugador/a que no la ha escrito, rechaza realizar esa acción, la acción no se realizará y el jugador/a que la ha rechazado pagará una prenda.

Una vez finalizada la noche, los dos jugadores pueden decidir si leer el resto de notas para conocer mejor los deseos y fantasías de la otra persona, o reservarlas para otra ocasión en el margen de un mes.

Los juegos

Este es para ti, exclusivamente para ti, se llama Encuentro lúdico y se explica a modo de cuento. Llegaste a mi casa, como un día cualquiera en el que hubiéramos quedado a pasar la tarde, como si volviéramos a vivir en la misma ciudad, querías que habláramos de juguetes y preparé todos mis enseres sexuales disponiéndolos ordenadamente encima de la mesa para que pudieras contemplarlos mejor. Por primera vez, tuvimos una conversación larga y detallada sobre tus prácticas, dudas y añoranzas sexuales: te compartí mis experiencias, dudas, torpezas y deseos. Reímos y nos sonrojamos a partes iguales. En base a ello, fuimos eligiendo juguetes que podrían servirte para jugar con tu marido.

Quisiste probarte las pinzas de los pezones y me preguntaste cómo se ponía el arnés: te ayudé, con delicadeza sensual y aséptica a partes iguales a ponerte las pinzas y me coloqué el arnés encima de la ropa interior para que vieras cómo funcionaba. Me situé detrás tuyo, te acaricié la espalda y te cogí de las caderas para demostrarte cómo se usaba sin llegar a penetrarte. Estabas nerviosa y quise percibir que había cierta humedad entre tus ingles. Te quité las pinzas suavemente y acaricié los pezones, más como un gesto más de cuidado que erótico. Me aparté, tú pensaste que lo hice para no incomodarte, pero lo hice para evitar que la habitación se inundase de ese deseo que me confundía. Me preguntaste, por primera vez, si había estado alguna vez con mujeres y cómo era. Como si fuera lo natural en esas situaciones, te cogí el brazo, lo extendí y te mordisqueé el interior de las muñecas: “así es, exactamente como las dos personas implicadas quieren que sea”.

Nos reímos e interpusimos distancia física entre nuestros cuerpos.

Más allá del juego

Unas semanas más tarde, me llamaste excitada: habíais probado alguno de los juegos con tu marido y “el grado de satisfacción es muy alto, te lo tengo que contar”. Quedamos en tu casa esa tarde. Tenías un arnés en el comedor, aun envuelto en papel de envío. Tu familia había salido unos días antes que tú para tu ciudad natal y estabas sola en casa. Me explicaste que el siguiente paso era empezar a usar juguetes, que él se había avenido a probar con el arnés, pero querías que te explicara cómo usarlo.

Yo estaba desconcertada y tú tenías un aire perverso en la mirada que no te había visto nunca, parecías segura de lo que hacías, como si fuera lo más natural entre nosotras dos. Te desnudaste y me pediste que te ayudara a ponértelo. Nos enredamos con las correas y nos reimos, como cuando en el instituto reíamos de una tontería que había dicho la profe sin haberse dado cuenta. Una vez colocado, hice la broma de masturbarte el dildo, me seguiste la corriente y dijiste que te había excitado, que estabas empalmada y que querrías follarme. Me reí. Noté mis pezones erectos. Me pediste que me pusiera a cuatro patas en el sofá, me sacaste las bragas, sin mucha delicadeza, la verdad, casi con ansia contenida, y me pediste que te dejara penetrarme, no supe decirte que no, tampoco qué responderte… “ponte un condón” seguí con la broma. Abriste un bote de lubricante y esta vez fuiste tú la que imitaste que masturbabas tu pene postizo, yo te contemplaba entre divertida y desconcertada ya sentada en el sofá hasta que cogiste el dildo interior, lo embadurnaste de lubricante e hiciste que desapareciera dentro de tu vagina. Debí poner tal cara de sorpresa que te echaste a reir, te acercaste a mi oído y después de mordisquearme la oreja me susurraste que te dejara penetrarme. Te cogí la cara con las dos manos y pasé suavemente mi lengua por tus labios, ahora sí, te besé.

Hubiera querido tirarte en el sofá, sujetarte las muñecas y sentarme encima tuyo para follarte yo mientras me penetrabas, pero también quería mostrarte un sexo mucho más allá de la penetración. Sin embargo, me puse a cuatro patas… por mucho que yo hubiera estado con mujeres, no podía evitar sentir que éramos dos heteras practicando un sexo que no nos pertenecía del todo; no obstante, a ti parecía servirte de guía y eso me bastaba…

Recuerdo la tersura de tu piel recorriéndome el cuerpo, tus jadeos tímidos en mi oído, mi lengua buscando tu clítoris; me recuerdo dentro de ti, explorando con mis dedos la humedad de tu vagina, deseando que tu cuerpo no dejara de ser líquido; te recuerdo buscándome con timidez y entrega al mismo tiempo, mi lengua en tu boca mientras saboreaba tus pezones, mi cara entre tus manos que me guiaban por tu vagina; recuerdo el lóbulo de tu oreja entre mis dientes, saboreándote el clítoris, gemirte al oído mientras tu orgasmo me recorría las piernas y el estómago; recuerdo confidencias susurradas al oído y risas abortadas por suspiros, buscarte la boca mientras gemías y echar de menos la suave sensualidad de tus labios aun antes de que los apartaras para llevártelos a cualquier lugar de mi cuerpo que nunca había pensado que pudiera despertarme deseo alguno. Te recuerdo masturbándote para que te mirara, sentirte dentro de mí, envolviéndome y recuerdo correrme sin medida esperando que vinieras a socorrerme, mientras tu mirada me decía que era ahí donde querías que estuviera. Recuerdo tu lengua por mi cuerpo, como el efecto de una droga que consumes por primera vez, recuerdo el olor que emitían los vapores de tu cuerpo y dejar que me guiaran los sentidos…

Más tarde, nos acariciábamos los cuerpos aun con curiosidad, sin atrevernos a decirnos nada, temerosas las dos de que la palabra rompiera ese espacio – tiempo que habíamos abierto y que no habíamos acabado de asimilar. De repente, nos pusimos a reir las dos, nos preguntamos cómo sería lo que vendría a partir de ahora… A mí me dio miedo responderte, te besé y volvimos a empezar hasta que te llamaron desde un uiverso lejano llamado familia para decirte que habían llegado bien. Mientras hablabas por teléfono, mi mirada se encontró con “la caja de los secretos” en el último estante de la estantería del comedor quise llevármela a mi casa contigo dentro.

Tiempos pandémicos

Comparto una pequeña reflexión, intuición sobre qué papel juega el tiempo y su percepción en el momento actual.

La pandemia y los confinamientos varios hacen que nos cueste ubicarnos, creo que al malestar se suma cierta sensación de desubicación que tiene que ver con el tiempo, con la percepción de éste.

El tiempo es un elemento inmaterial que estructura nuestra vida, más en sociedades occidentales capitalistas.

Y la pandemia ha cambiado la percepción del tiempo, diría que también su estructura. Es decir, en primavera, el tiempo se volvió circular. Todo pasaba en el mismo espacio, era circular, no sabíamos en qué día vivíamos: ocio, socialidad, trabajo, soledad pasaba en el mismo espacio en el que el tiempo se repetía continuamente

A mediados de verano, cuando empieza la segunda ola, el tiempo se vuelve un presente infinito. Se rompe definitivamente la linealidad progresiva del tiempo con la que habitualmente estructuramos nuestra vida: no puedes proyectar. Estás atrapada eso, en un presente infinito.

Tengo la ligera intuición de que eso está cambiando de nuevo, de que el tiempo vuelve a avanzar, solo que no solo hacia delante, sino también en forma de retroceso, y que cuando lo hace hacia “delante” es un “delante” que no sigue la linealidad progresiva pre-pandemia, es decir, que no sabemos adónde va.

Creo que esa percepción diferente del tiempo es un elemento que contribuye al malestar. A mí, al menos, me aturde, la verdad.

(Por cómo explica las diferentes formas que adopta el tiempo en estos momentos y por mil cosas más, leed esta entrevista a Amador Fernández Savater ).

Racismo sexual

Dudé sobre si quedar con él o no por su edad, pero qué demonios, me había parecido un chico inteligente, con quien poder entenderse y con bastante autconciencia; así que quedamos, “Ha nacido antes de la guerra de Bosnia y de las Olimpiadas (de Barcelona)” me dije a mí misma como para exculparme aun no sé bien de qué.

Evidentemente, follamos en la primera cita, después de no sé cuánto tiempo hablando sobre lugares comunes, mezclando en la charla reflexiones sobre la práctica del hacking, las grandes corporaciones y tecnología. Conversaciones por las que ambos habíamos transitado ya otras veces y que esta vez, más que descubrirnos mundo, nos descubría mutuamente, como un tanteo por terreno conocido. El polvo estuvo bastante bien, incluso para ser la primera vez, incluso para su edad, pensé con sorna (suben enseñadas las generaciones más jóvenes, hay esperanza). Hubo un momento en el que parecía que todo había acabado, así que nos levantamos a beber algo y retomar la conversación en posición ergida, la cual nos valió más bien para que los cuerpos se enredaran y olvidaran la conversación, se enmarañaran de nuevo en una exploración lenta y ansiosa, fácil: gustosa. Las edades se habían quedado enganchadas en el dintel de la puerta hasta que la mía apareció para recordarme que la experiencia es un grado y que, si algo te gusta, se puede mostrar con los gestos, pero también se puede decir explícitamente, sin que eso tenga que suponer el reclamo de un compromiso inesperado, sino más bien un pequeño regalo que se le hace al otro: “I like your body”, “not so much us I like yours”. Risas.

En un intento de receso de esos en los que los dedos ajenos se confunden con la piel propia y al revés, en el que las lenguas sirven para seguir conociéndose con palabras y buscarse desde las humedades, me dijo que se alegraba de que me hubiera gustado su cuerpo, que no las tenía todas consigo porque su cuerpo era … diferente. No le hice mucho caso (tenía literalmente otras cosas entre manos), inseguridades respecto al propio cuerpo tenemos casi todas, y lo achaqué a alguno de esos complejos ocultos que se asoman de vez en cuando para confrontarnos con nuestro adolescente inseguro.

Seguimos viéndonos. Ayer tuvimos un primer polvo placentero pero que parecía que hubiera tenido lugar más como la satisfacción de una necesidad vital que por el mero goce de los cuerpos. Enzarzados en medio de caricias con las que acompañábamos una conversación indirecta sobre nosotros, un “nosotros” que los dos sabíamos que nunca sería tal más allá de esa cama, nos explicábamos si estamos viendo a más gente. Me contó por encima alguna de sus citas y luego se paró un momento para explicarme, creo que para explicarse también a sí mismo, que no entendía por qué, pero que aquí le estaba costando quedar con gente; como si a la gente de este punto de Europa no le gustara la gente de la India, “I don’t know why”. “Racism?”, “I don’t know, maybe… or maybe they just don’t like indian people mmmmm”.

Recordé una noche en la que el persistente amante furtivo se había colado en mi cama en un estado de ánimo entre malhumorado y como buscando refugio. Al final conseguí entender qué le pasaba “dos horas, no digo 41 años como llevo yo, dos horas! Me gustaría que todos los blancos de Barcelona fuerais negros dos horas, solo dos horas!”.

Aunque en realidad, el joven hacker hindi me había hecho pensar más bien en una reflexión que dejé a medias cuando empecé a usar apps de contactos, la reflexión sobre el “racismo sexual”. La app que uso yo está menos masificada que Tinder (en según qué ciudades excesivamente poco masificada), y por diferentes motivos, me gusta mucho más, así que me quedé en esa. A los pocos meses (sin darle un uso muy activo, la verdad) me dí cuenta de que, más allá de que no hubiera mucha gente de según qué comunidades, era rara la vez en la que yo le daba “like” a personas que presuponía, por ejemplo, de religión musulmana. Me dí cuenta casi de casualidad después de leer un informe sobre no sé qué medida contra la islamofobia que se estaba preparando.

Lo comenté con un par de amigas, una de ellas ya había avanzado en la autorrevisión y me dio algunos consejos sobre cómo detectar el racismo sexual propio y, a la vez, determinar si la diferente percepción de la realidad (choque cultural?) es tal que va a resultar muy difícil que te puedas llegar a encontrar con la otra persona. Esos consejos eran básicamente seguir las mismas pautas que seguirías para decidir si quedas o no con cualquier otra persona.

La otra amiga, desde una posición poco reflexiva de un comentario que te pilla a contrapié, masculló una excusa que fácilmente podía convertirse en una justificación de ese racismo sexual, y cambió de tema. Aunque más adelante también cambió de prácticas.

Anoche volví a pensar que este tema no está resuelto y que yo no tengo claro cómo desgranarlo, o desde dónde abordarlo, cómo abordar esa intimidad en la que la autoprotección se confunde con prejuicios y el deseo se configura por medio de esos prejuicios que a veces no sabemos ni cómo detectar.

Torpemente y equivocándonos, pero será todo un acierto abordarlo.

_____________________ FIN (INACABADO) _________________________

Seguramente este “racismo sexual” tiene muchas más caras, he leído a diferentes mujeres hablando y reflexionando sobre el uso del privilegio de ser europeas para dar rienda suelta a una sexualidad que buscaba exostismo en medio de un viaje o en un sitio “lejano”. Seguro que algunas de ellas ya han escrito sobre ello y otras lo harán o lo han hecho ellos. Así que os (nos) animo a buscar esos textos y compartirlos.

AMPAROOOOO, peregrinaje virtual para cobrar el paro

3 de agosto de 2020: un día antes de que se me acabe el contrato de trabajo temporal de seis meses que no será renovado (necesito un cambio de aires). Aquí empieza todo.

4 de agosto de 2020, llega un SMS de la seguridad social que me confirma que he sido dada de baja. Se acabó mi trabajo temporal de 1454€ al mes, 32 horas que bien me ha valido denuncias de puertas giratorias [sic.] por parte de partidos de la oposición con grandes casos de corrupción aun siendo juzgados. Por un contrato temporal de menos de 2000€ al mes en una Fundación cuyo pecado había sido recibir subvenciones municipales de pública concurrencia y haber firmado un convenio con un área que no era la mía. En fin, no sé si la idea de CiU y PP es que muramos de hambre al dejar la institución o que nos cercioremos de que nos enchufarán en alguna empresa familiar. Pero este no es el tema.

Entro en el SEPE (sede electrónica del servicio de ocupación estatal) para pedir cita previa: no se dan citas previas. A partir de aquí empieza un periplo que me lleva a conocer a Amparo, así como a desarrollar una expertise insospechada en el deleite del hilo musical del teléfono del SEPE.

Pasos que seguí para solicitar el paro, Amparo.

Como la inmesa mayoría de los mortales, no tengo ni DNI electrónico, ni certificado digital y, hasta el momento, tampoco tenía cl@ve, así que hice mi pre-solicitud de persona que no tiene certificados digitales de ningún tipo. La última vez que lo pedí (para pasarme siete meses, entre otras, para respetar y cumplir con las incompatibilidades que determina el Código de Conducta Ética del Ayuntamiento a cargos que dejan de ejercer), lo hice mediante cita previa, pero esto ya no es posible en época Covid.

Sin embargo, no me tranquilizó el haber hecho la presolicitud, así que decidí llamar al PARO para asegurarme de que todo estaba correcto. Llamé prácticamente cada día laborable desde el 3 de agosto hasta el 31 de agosto que me cogieron el teléfono. En ese periodo conocí a Amparo, así es como bauticé a la voz femenina que tiene el contestador automático del PARO.

Nota: pordiossanto, que el SEPE cree un nuevo puesto de trabajo y reduzca la lista del paro contratando a alguien que modifique el hilo musical y pinche algo que no aumente el número de personas con problemas de salud mental que necesitan el amparo de la sanidad pública para sobrevivir.

Amparo tiene tres teléfonos diferentes, en uno, casi siempre te cuelgan después de informarte de que están ocupados. En otro, Amparo, cada X minutos deja asomar su voz angustiada “en este momento todos nuestros operadores están ocupados, en breve le atenderán”. No me mientas, Amparo, que llevo dos horas de reloj esperando, en breve no será, vamos, ya no está siendo.

A mitad de mes, me registro en cl@ve, después de un ratico en bucle en la web de cl@ve, que está solo pensada para responder preguntas frecuentes, pero no para linkarte a la web en la que te registras… lo que se viene llamando userfriendly. Como, además, uso duckduckgo para evitar darle mis datos a google, tardo un ratico más en llegar a la web de registro de cl@ave en la agencia tributaria.

La carta de cl@ve llega prácticamente a la semana, con un código. Sigo llamando a Amparo, quien se ha convertido en motivo de conversa con mis amistades estivales. Por si acaso Amparo no llegara a cogerme nunca el teléfono, y porque me chivan por el pinganillo que es más fiable, intento sacarme el certificado digital que emite la Fábrica de Moneda y Timbre. Ah, pero es ahí donde la administración pierde su universalidad, ya que lo intento desde mi Ubuntu, así que el intento, que dura más de tres horas y media, fracasa estrepitosamente. Siempre puede deberse a mi poca destreza informática. Atención, dicen que es el certificado más fiable de todos.

Con la carta de cl@ve y el PIN que te proporciona, intento hacer online la solicitud del paro y, seguramente me equivoco, porque entiendo que no me permite hacerla al no estar verificada físicamente en ninguna oficina de las indicadas. Así que miro dónde puede uno verificarse (seguridad social, agencia tributaria, delegaciones de gobierno, oficinas del paro…). Pido cita en la oficina que me ofrece la cita más pronto: la delegación de gobierno de Girona. Me ahorro la explicación del viaje y la obtención del mismo papelito que ya me había llegado por carta (o, al menos, uno que se le parece mucho, por eso deduzco que no era necesario ir). Eso sí, descubri un maravilloso bar de tortillas en Girona y aproveché el viaje en regional para acabar la novela que leía en ese momento. Que no se diga. Sigo sin saber si ese trámite fue necesario o no.

Pruebo, de nuevo, al llegar a casa, a darme de alta… sin embargo, el proceso falla una y otra vez en los últimos pasos. Cambio de navegador, de Firefox a Chromium, pero no hay manera. Al día siguiente sucumbo y le pido a un amigo que me deje ir a su casa a hacerlo con su windows en un internet explorer (madredelamorhermoso), lo vivo como un fracaso. Llego a casa de mi amigo a las 21, después de los saludos pertinentes, me dispongo a hacer el trámite.

Al cabo de unos minutos, arrastro mi nueva derrota a la cocina, en la que me espera mi amigo: el trámite solo se puede realizar entre las 8 y las 20 horas. El trámite online. El internet del paro cierra a las 20. Reconozco que sigo sin entenderlo, no me entra en la cabeza. Apagan sus servidores de 20 a 8am? Hay una persona que recibe todas las solicitudes conforme van entrando en digital, las imprime y revisa?

Sigo llamando a Amparo cada día.

Al día siguiente, voy a casa de mi amigo entre las 8 y las 20. Y consigo hacer el trámite.

Sigo llamando a Amparo. El día 31 de agosto Amparo me coge el teléfono. Se me caen unas lágrimas. Me pongo tan nerviosa que no sé ni quitar el altavoz del teléfono. Amparo tiene voz de mujer, humana. De la emoción se me olvida preguntarle si realmente se llama Amparo, le pregunto cómo está. Se sorprendre. Mi Amparo que no sé si se llama Amparo, me indica que he hecho los pasos correctos (bien!), todos menos uno (mal!), así que para que no pierda la costumbre llamar por teléfono, me pasa con otra ventanilla. Más bien, me da el teléfono de otro departamento. No se puede percibir el paro si no te das de alta como demandante de empleo. Eso tiene sentido. Lo que tendría aun más sentido es que hubiera alguna indicación, aunque fuera en letra 8, en la web del SEPE.

Voy a la web del SOC (no sé cómo se llaman los servicios de ocupación de otros territorios del Estado), y llamo (900 800 046), por si acaso, porque Amparo me ha dicho que llame, porque me siento insegura, porque ya le he cogido casi hasta gustito. Llamo, suena un hilo musical, es diferente, mejor que el de Amparo. Me lo cogen, me lo cogen a la primera. La mujer que me atiende (una mujer, de nuevo), me atiende diligentemente, aunque me dice que está muy cansada. Se equivoca en el trámite, me pide disculpas, me dice que está muy cansada; le digo que lo entiendo, que deben andar muy desbordados, suspira, está a punto de romper a llorar. Acabamos el trámite, le doy ánimos y nos despedimos como si hubiéramos encontrado una mirada amiga en una trinchera. El día 10 de octubre empezaré a cobrar el paro, Amparo! En realidad, retomaré mi prestación, que se había visto interrumpida por un contrato temporal de seis meses y 1454 € que me valió una acusación de puertas giratorias [sic.] (hora 5 minuto 45), pero eso ya lo he dicho arriba.

Pasos para pedir el paro:

Ojo, yo no estaba ni en ERTE, ni se me acabó el trabajo por Covid, si ese es tu caso, creo que los pasos a dar son otros.

Simplifico los pasos que seguí yo, puede haber otros, puede haber más.

Mucha gente respondió muy generosamente en este hilo, así que, a parte de leer el hilo, leed las respuestas (positivas) a cada uno de los tuits.

Recuerda que tienes 15 días para solicitar el paro después de dejar el trabajo

  1. Hacer la presolicitud
  2. Sacarse el cl@ve
  3. Recibir la carta del cl@ve
  4. Una vez recibida la carta, tienes que crear tu propia contraseña de cl@ve. Sinceramente no tengo el link exacto a mano, creo que es este.
  5. Hacer la solicitud con cl@ve
    1. sede.sepe.gob.es -> procedimientos y servicios electrónicos: personas -> solicite y reconozca su prestación contributiva -> reconocimiento de la prestación contributiva, ah, y para entrar con cl@ve no hay que clicar en “usuario y contraseña” de cl@ve como sugeriría la intuición, sino en la columna izquierda, vete tú a saber por qué, pero la opción más antiintuitiva es siempre la que vale.
    2. Una vez dentro, seguir los pasos. En este caso, son intuitivos.
  6. Si te dijera que no tienes los permisos necesarios para realizar una operación de firma, es que tienes que verificarte físicamente. Pide hora en cualquiera de estas instituciones seguridad social, agencia tributaria, delegaciones de gobierno, oficinas del paro; lleva tu DNI / NIE y la carta que recibiste. Ahí te darán de alta
    1. Si ya has completado el proceso, sigue los pasos indicados en el punto 5.1
  7. Darse de alta como demandante de empleo, que no se hace ahí, sino en la web del SOC (Servei d’Ocupació de Catalunya, 900 800 046, en cada comunidad es diferente). Este trámite se puede hacer de manera paralela al anterior, no es un trámite posterior necesariamente.
  8. A tener presente, en positivo, los días de vacaciones que te corresponden. Yo no los había disfrutado, la empresa me los había pagado, así que mi tiempo no empezó a correr hasta el 19 de agosto, y no el 4 de agosto, como creía yo.
  9. Teléfonos (hay más): 93 220 47 49; 936 19 09 98; 900 812 400
  10. Cada vez que haces un trámite, por ejemplo, en la presolicitud, puedes descargarte un justificante conforme lo has hecho, no está de más descargarlo, por si hay algún error y te dicen que no has tramitado el paro en el plazo establecido.

Por último, esto es una experiencia de usuaria, hay guías y consejos oficiales que son mucho más fiables que este post. Lo he escrito porque para mí el mes de agosto fue un calvario y porque en tuiter muchísima gente me ayudó de manera generosa y altruista, así que es un intento de devolver parte de esa generosidad. Espero que os sirva. Si hay errores, podéis dejarlo en los comentarios.