Carta a Emília Llorca

Hui l’Emília té, per fi, un carrer al barri. Podeu recuperar l’acte que s’ha fet per celebrar-ho aquí, llegir aquesta crònica bonica i aquesta crónica casi genealógica. Jo li he escrit una carta que us deixo:

Emilia,

Emilia, què?

Que avui li posen el teu nom a un carrer. La veritat és que a mi m’hagués fet més il·lusió que el teu carrer fos Joan de Borbó, para qué te voy a engañar; pero ya luego te cuento por qué al final es Almirall Aixada.

Antes de empezar a escribirte esta carta, he intentado recordar todas las veces que te he echado de menos en los últimos 12 años. La primera carta que te escribí fue en mayo de 2011, cuando el 15M, cómo lo hubieras disfrutado y cuánta falta me hubiera hecho interpretarlo juntas, colectivamente.

También he recordado la primera vez que fui al local de la comissió de festes del carrer Pescadors, ese local que aun no logro entender por qué no presentamos a los records Guiness: sede de l’avv l’òstia, sede de la comissió de festes, lugar que almacenaba parte del material de esas dos entidades, casa del David, caseta de lotería, todo en 30m2. Ahí, en ese local al que yo me había acercado para recoger no recuerdo qué, tú estabas organizando una colecta para pagarle el entierro a la madre de una vecina que acababa de morir. Porque para ti siempre había que ayudar al vecino, en lo que fuera, sin pensarlo, sin esperar nada a cambio. Ayudar sin juzgar, un vecino es un vecino. Gracias por ese aprendizaje.

Hablar de ti es también hablar de la Juanita, de la Rosita la del ojo, de la Rosita la pequeña, de la Mari Luz y el va-la-bola, del Gaspar meneando el culete, del Patricio y sus inventos, de la Marga y su callar inteligente, de ese micro-mundo que tú creabas en la calle Pescadors al que era tan difícil entrar como que sobrara alguien, aunque acabara de llegar. Son también el Óscar y el David, en el taller, haciendo la decoración para la entrada de la calle. Qué disgusto te llevaste cuando, en pleno momento de movilizaciones contra el Plan de los Ascensores, entidades que tenían a gente vinculada al PSC, dejaron de hacerle encargos al David. Qué guerra más sucia. Estos días he vuelto a ver ese video y he recordado que fue la primera vez que te vi llorar. Pero como dicen Pepa y Lourdes, no tenías límites y lo que sí que tenías era una familia que siempre te iba a apoyar. Porque ellos sabían lo que yo tardé unos pocos meses en aprender: tú eras una lideresa comunitaria. Antonio dice que tú eras una mujer común, corriente; pero yo creo que no es incompatible. Es decir, la gente te seguía porque tú encarnabas el sentir del barrio. Sabías escuchar los problemas de los vecinos, sentías con ellos, es como si tu corazón latiera al compás de los problemas del barrio, y a eso se le sumaba una contundencia al hablar que tenía la fuerza de quien habla desde el amor, a su barrio, a sus vecinos. El barri s’ha de defensar, el barri és els seus veïns.

Per mi, tu eres la tendresa de la justícia, la capacitat d’escolta que et donava força per no renunciar a allò que pensaves que era just. Per cert, Carles Martí, la realitat va ser que, després de dir-li a l’Emília que el pla dels ascensors era una entelèquia, es va aturar gràcies a la lluita veïnal i la complicitat de l’Itziar.

Recuerdo la primera reunión con un político, con un regidor que tuvimos, a Carles Martí, yo veía a un inteligente hooligan engorilado y no sé qué veías tú; pero frente a esa figura extraña que hablaba en político, también veía a una mujer que no se dejaba amedrentar, que tenía los pies en el suelo y muy claro qué quería y qué no podía permitir.

Seguramente fue contigo que aprendimos que la política tiene que ser un acto de amor, porque política (y mira que lo discutimos veces esto) no es lo que hacen los partidos o no solo, es también lo que hacemos las vecinos para garantizar derechos. Y tú nos enseñaste que tenía que ver con el amor eso, a un barrio, nos regalaste la capacidad de aprender y querer el barrio. Tal vez por eso nos acogiste nada más llegar al barrio, cuando empezamos a okupar en Miles, la antigua caserna de la guardia civil. Acogida y el recelo justo para hacernos saber que el barrio tiene su forma de funcionar y es importante aprenderla. Nunca te dije que éramos la envidia del movimiento okupa, todo el mundo quería tener unas vecinas como vosotras, como tú.

Nunca te he dicho que fuiste mi primera amiga mayor, más de 30 años mayor que yo y ahí aprendí que la edad no importa si compartes luchas, alegrías, preocupaciones, y el amor por un barrio. A mí me tocaba hablar de la emilia luchadora, y te he imaginado ahora, en el momento de la pandemia, cómo con tropocientas mascarillas te hubieras puesto a organizar vecinos y me hubieras hecho bajar al barrio a repartir alimentos o vete tú a saber qué. Me tocaba hablar de la emilia luchadora pero, fíjate, lo que tenéis los referentes, que a menudo, más que recordaros os evocamos para pensar qué hay que hacer ahora. Yo, más que recordarte, no he dejado de pensarte desde hace doce años para saber qué hay que hacer ahora. En 2015, cuando se decidió la lista electoral al ayuntamiento, antes de decir que sí a la posibilidad de ser regidora del barrio, me reuní con las compas de la Òstia para pedirles permiso, no porque ellas tuvieran nada que ver con Barcelona en comú, sino porque yo sentía que el espacio que tenía que avalarme para ir en una lista electoral, la que fuera, era la asociación de vecinas. Yo quería saber cómo lo veía la Lourdes, la Pepa, la Pino, la emma, el paco, el Cano… y creo que, en el fondo, tenía la esperanza de encontrar tu voz escondida en medio de esa conversación colectiva.

No sé, tal vez debería estar hablando de ti, megádfono en mano, en el coche, con Antonio, convocando a una mani, una asamblea en el iglesia, una reunión… O de cuando me dejabas los escritos del diario del barrio a última hora del día en el buzón para que los pasara a ordenador, de cuando me llamabas a las 6 y media de la mañana para saber si dormía porque habías tenido una idea de algo que se le tenía que plantear al Ayuntamiento, o de cómo enamorabas a los activistas de otros barrios en cuanto te oían hablar, porque se notaba en seguida que lo decías lo decías de verdad. Gracias por enseñarnos que no hay que defallecer, y que es tan importante saber organizar una mani como saber cuántas llescas de pa hacen falta en una sardinada, si una quiere cuidar a su barrio. Para ti, el barrio era una prolongación de tu casa, de tu familia, por eso lo cuidabas empoderándolo, escuchándolo, defendiéndolo.

Creo que en 2010 te hicimos el homenaje para recordarte, pero también para compartir nuestra tristeza y nuestra alegría de haberte conocido. M’agradaria pensar que en 2021 et posem un carrer per compartir eixa alegria d’haver-te conegut, per reconeixe’t com a exemple per la resta de la ciutat i per agraïr-te la teva lluita pel barri, clar; però, sobretot, per recordar que el barri és els seus veïns i imaginar com s’han de defensar ara, al 2021 i demà, quan el mon hagi canviat però l’amor al barri continui sent el motiu pel què lluitar.

Mi nuestra foto favorita juntas

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